jueves, 29 de mayo de 2008

Jesús y el pecado

Pecabilidad y pecaminosidad

Pecado:
Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, el pecado es aquello que se aparta de lo recto y justo, o aquella falta a lo que es debido; en la religión, es la transgresión de una ley o práctica sagrada, sancionada por la divinidad. En particular, según el judaísmo, el cristianismo, y el islam. En la mayoría de las religiones existe una determinada idea de lo bueno y lo malo. Pero sólo en las tradiciones judeo-cristiana e islámica se considera la referencia característica del pecado, convirtiéndose en el mal, comportamiento en un crimen directo contra el Ser Supremo.

En ningún otro libro sagrado se encuentra tan desarrollado el sentido del pecado como en la Biblia. A través de las Escrituras, el pecado es el elemento que enemista a los seres humanos con Dios, lo cual exige que haya arrepentimiento para obtener su perdón. En el Nuevo Testamento, el pecado es la condición humana esencial que reclama la labor redentora de Cristo.

Pecabilidad:

A grandes rasgos, podríamos definir esta expresión como la capacidad o posibilidad que poseen los seres humanos para pecar, y la misma contaminación que el pecado ejerce sobre ellos.

Pecabilidad y pecaminosidad de Jesús

Ya tocando el punto a tratar acerca de Jesús y el pecado, es necesario observer a Cristo desde sus dos naturalezas. Jesús, como Dios comparte todos sus atributos; y poseyendo todas estas características, decide despojarse de ellas y hacerse hombre, con todo lo que esto implicaba. Él vino a esta tierra tomando la natraleza humana y caminó de este lado ... en obediencia... el podia en cualquier momento cruzar la linea y hacer uso de su naturaleza divina, pero no lo hizo...vivió y murió como ser humano...de carne y hueso....pero sin pecado.

Muchos no están de acuerdo al afirmar esto, pues se daja abierta la posibilidad de Cristo ante el pecado, aunque sabemos que no cometió pecado, sino que en su propia libertad decide obedecer al Padre, convirtiéndose en ejemplo para los seres humanos.

Es posible englobar los argumentos que defienden la pecabilidad de Cristo en dos razones principales: (a) como ejemplo para los hombres, (b) para identificarse con la raza humana en su totalidad.

a) Jesús, al igual que el resto de los hombres recibió el libre albedrío, y al contrario del primer hombre, Adám, decidió, en su amor por el Padre, optar por no pecar. Con esto nos muestra que teniendo una relación tan íntima con el Creador, como era la suya, se puede hacer frente al pecado y resistirlo.

b) El punto principal aquí es la tentación, que según el DRAE es la instigación o estímulo que induce el deseo de algo. Muchos no miran la tentación de Jesús relatada en Marcos como un mero simbolismo, pero hay quienes afirman su veracidad:

Naturalmente era una tentacion lo que puso satanas delante de el, y no una representación teatral, Santiago 1:13, dice Dios no puede ser sometido a prueba y el Diablo lo sabía, entonces ¿por qué lo tentó? Porque... Pudo haber pecado y decidió no hacerlo, y eso no debe confundirse con "no podía pecar"...”

"La tentación fue una reunión actual entre un Salvador personal y un Diablo personal. Satanás, y no nuestro Señor, fue puesto a prueba en el desierto. El fue desenmascarado, pero nuestro Señor fue revelado en la perfección de Su Humanidad.”

“Si una persona no es susceptible de pecar o si el pecado no tiene atractivo para él, el pecado es una farza.”

No se trata de decir que Cristo sentía deseos de pecar, pues si se tiene el pecado como la negación del amor de Dios, de lo que Él hizo, el apartar a Dios del corazón, sonaría herético. Pero sí se podría afirmar que en el caso de la tentación de Jesús que se presenta en el evangelio de Marcos, este Dios- Hombre debió haber sentido la “tentación” por hacer uso de, llamémoslo así, sus capacidades y/o derechos que hacían parte de la naturaleza divina, parte de su composición total; las cuales, por cierto, rechazó al tomar forma de hombre pero que posiblemente podia estar deseando desde su humanidad.

No obstante, vale recalcar que Cristo no pecó, pero era necesario que estuviese presente la tentación para que, como hombres, entendiesemos la grandeza de la obra redentora del Hijo de Dios. Pasajes bíblicos como Romanos 8: 1-4, Hebreos 4:15, Hebreos 2: 18, y 1 Pedro 2: 22, presentan una muestra clara de la necesidad de la tentación en Jesús.

Es claro que para teólogos como R. S. Sproul, W. T. Purkiser, Eugene Priddy, Paul Tillich, James Monngomery y Stanley Horton, Jesús no pecó, pero tenía la libertad de hacerlo. Según ellos no lo hizo porque sentía un gran compromiso con el Padre, por su estrecha relación con Él, porque debía ser el “cordero sin mancha” para sacrificio por los hombres, porque era el portador de la salvación y pecar le representaba la alienación con el Padre, y porque sencillamente la santidad de su naturaleza divina “contagiaba” su naturaleza humana.

Impecabilidad

Impecabilidad:
El diccionario nos ofrece una simple pero compleja definición de impecabilidad y lo relaciona con el ser impeccable. Define impecabilidad como una incapacidad de pecar y el estar excento de tacha alguna.

Impecabilidad de Jesús

Como se ha afirmado desde el principio, Jesús no pecó, pero hay quienes ofrecen la posibilidad de que Cristo pudo haber pecado, que no lo hizo es otro asunto; en este caso se defenderá la posición de aquellos que afirman que Cristo fue impecable, no solo por no pecar sino porque no “podia” pecar.

Los defensores de la impecabilidad de Cristo dan tres razones específicas para ésta, y son: (a) La naturaleza devina de Jesús, (b) La unión hipostática, y (c) El nacimiento virginal.

  1. Aprueban esta teoría: Emery H. Bancroft, J. M. Pendelton, Wolfhart Pannenberg, Floreal Ureta, José M. Martínez, Guy P. Duffield, Francisco Lacueva.

Según esta teoría, al decir que Cristo es el Dios- Hombre, es imposible afirmar que Jesús pudo haber pecado, pues siendo Dios, no resiste el pecado; si se llegara a poner en duda esa divinidad del Hijo se estaría entrando fácilmente a la heregía, pues el solo hecho de suponer que Cristo tuviese inclinación hacia el pecado significaría que él estaba separado de Dios y por tanto no era indicado para la justificación de los hombres, pues no podría, primero, salvarse a sí mismo y mucho menos a la humanidad entera. En otras palabras, se estaría diciendo que el Hijo se reveló contra el Padre.

Bancroft lo expone de la siguiente manera, Cristo posee naturaleza santa, tanto en lo humano como lo divino, unida a la Personalidad del Hijo, poniendo en claro que desde el momento en que esta personalidad está en union con el Padre, se le hace IMPOSIBLE el solo consentir la posibilidad de pecar.

De la misma manera, no se puede cambiar el que Jesús fue totalmente santo, pues sino hubiese sido así, no hubiese cumplido correctamente su papel como mediador. “Su santidad personal brilló aún en medio de las tinieblas que rodearon su cruz”. Además, no se puede alejar de los atributos de Dios que implican la impecabilidad. El hecho de ser Dios y no pecar hace referencia a su inmutabilidad, por su omnipotencia no es possible decir de alguna manera que fue débil ante el pecado, pues es todo poder; en respecto de su omnisciencia, conocía cada consecuencia para él y para la humanidad si él pecaba; y estaba presente tanto en el cielo como en la tierra y su santidad celestial impedía el pecado en lo terrenal.

Era el verbo encarnado, el Dios hecho hombre, su ética era intachable, era el sustituto de los hombres. Su tentación fue una simple prueba, no para el sino para Satanás, no porque pudiese pecar, sino porque era necesario que los hombres estubiesen seguros de su santidad.

  1. José m. Marténez, Luis Berkhof, y algunos otros se refieren a la unión hipostática, y explican la impecabilidad de Cristo desde este punto, poniendo en claro que aunque Jesús fue 100 % humano y 100% divino la voluntad divina primaba sobre su voluntad humana.
  1. La defenza de la impecabilidad del Hijo de Dios y Salvador de los hombres desde su nacimiento virginal la encontramos en Edgar Mullins, José M. Martínez, Guy P. Duffield, Edward W. A. Koehler y Luis Berkhof.

Todos ellos afirman que en mucho tiene que ver el que Jesús no haya sido concebido como el resto de los hombres. No llevaba la naturaleza pecaminosa heredada desde Adám, pues llevaba solo los genes de María no de la union de un hombre y una mujer; fue engendrado no de manera natural, sino de una manera sobrehumana, supranatural, que lo hacía diferente en toda su personalidad.

Según Duffield, si Jesús hubiese tenido la naturaleza heredada de Adám, su muerte no hubiese servido como sustitución, pues tendría que haber muerto por su propia redención y no hubiese sido infinito, porque en Adám todos mueren, y así no podría morir por los pecados del mundo.
Por tanto, Cristo estaba libre tanto de la depravación hereditaria como del pecado actual. Se llamó a sí mismo “Hijo de Hombre” y respondió al ideal perfecto de la humanidad.

En conclusión, nunca podremos afirmar que Cristo pecó, pero sí nos es posible siquiera especular acerca de si podía o no hacerlo. Después de todo lo expuesto es un poco complicado tomar posición; la impecabilidad de Jesús no está tan firmemente argumentada como para garantizarnos esa "incapacidad" y/o "imposibilidad" de la persona de Cristo hacia el pecado, pues cómo se explicaría entonces la tentación de Jesús en el desierto, o cómo podríamos, como hombres insignificantes, identificarnos con el Creador, si aún en su encarnación no sintió en ninguna manera lo que nosotros experimentamos en nuestra naturaleza caída.

Es claro que Jesús era totalmente humano y totalmente divino y fue el “cordero sin mancha” que se entregó en lugar de la humanidad para redimirla de pecado y justificarla ante el Padre. No obstante, no se puede garantizar que él pudo pecar, pero es más tranquilizante pensar en esta opción, pues como algunos de los teólogos antes mencionados propusieron, Cristo logró, siendo Dios, identificarse completamente con su creación.

Aunque no exista unanimidad en cuanto a pecabilidad e impecabilidad de Jesús, se continuará defendiendo el hecho tal que nos garantiza la salvación, el ejemplo y la restitución que el Unigénito Hijo de Dios ha otorgado a los hombres, desechando su posición de Dios (Filipenses 2) para hacerse uno de nosotros y entender desde la naturaleza humana la inclinación y/o tentación que sufre el ser humano frente al pecado.



miércoles, 14 de mayo de 2008

Tan solo detalles...

Es maravilloso Señor...
tener brazos abiertos... cuando hay tantos mutilados
mis ojos ven... cuando hay tantos sin lusz
mi voz que canta... cuando hay tantos que enmudecen
mis manos que trabajan... cuando hay tantas que mendigan
Es maravilloso Señor...
volver a casa... cuando hay tantos que no tienen a donde ir
Es maravilloso Señor...
amar, vivir, sonreir y soñar... cuando hay tantos que odian, lloran y se revuelven en pesadillas... y tantos que mueren antes de nacer
Es maravilloso Señor...
tener un Dios en quien creer... cuando hay tantos que no tienen consuelo ni tienen fe
Es maravilloso Señor, sobretodo, tener tan poco que pedirte y tanto que agradecerte.
Anónimo.

A veces nos hace falta detenernos por un momento a pensar en las virtudes que disfrutamos cada día... reflexionar tan solo un instante en los pequeños detalles de la vida... es necesario que seamos sensibles a las cosas simples, a esos milagros que llenan de belleza nuestra Tierra, a esas cosas aparentemente insignificantes, que se convierten en lo más valioso de la creación... no olvidemos que Dios está en cada uno de estos detalles... podemos descansar en el momento que contemplamos las maravillas del Creador... detente un instante frente al espejo y admira lo que Dios ha hecho en tí...